Cuando alguien te pide ayuda o consejo, apaga el teléfono, mira a los ojos y escucha sin interrumpir. Enseñar con el corazón empieza por el respeto a la atención compartida.
Al final del día, todos somos maestros y todos somos estudiantes. La vida es un viaje de aprendizaje continuo, y en ese camino, las personas que eligen enseñar con el corazón merecen un lugar especial en nuestra memoria y en nuestro agradecimiento.
"La mejor maestra eres tú, gracias por enseñarme con el corazón" ¿Te gustaría que ajuste alguna de estas historias
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